Canas con ganas nace de una pregunta que me hice a los 42 años:
cómo verme bien si ya no era una jovencita, pero tampoco me sentía mayor.
En ese momento entendí que necesitaba reencontrarme.
Había prendas que antes me ponía y que ya no me sentaban igual,
pero no se trataba solo de ropa.
También empezaban a dolerme las rodillas,
me daba sueño a mitad del día,
me cansaba más que antes
y empezaba a notar cierta flacidez en el cuerpo.
Y ahí lo vi claro: tenía que tomar acción.
Había entrado en una etapa nueva
y no quería vivirla desde la resignación,
sino desde la construcción.
Empecé con decisiones concretas:
En agosto de 2021, me rapé el cabello.
En noviembre de 2021, me inscribí en el gimnasio.
En abril de 2022, me hice un segundo tratamiento de ortodoncia para mejorar mi dentadura y la oclusión.
Cuatro años después, mi actitud era otra,
mi cabello había vuelto a crecer sano y brillante,
mi cuerpo se veía mejor
y mi sonrisa también.
Y al acercarme a los 47, algo se iluminó:
me empezó a ilusionar pensar en los 50.
Entonces tomé una decisión:
seguir alimentando esta versión de mí
y llegar a esa edad fuerte, con energía,
orgullosa de ser una mujer de 50 años a la que le gustaban sus 50.
Y con canas, también… pero con ganas.
De ahí nace este espacio:
de la decisión de seguir construyéndome,
con intención, en cada etapa de mi vida.
Porque sé que hay un momento
en el que una necesita volver a mirarse,
reconocerse
y reconciliarse con quien es.
Y quiero que este lugar sea eso:
una prueba real de que sí es posible sentirse fuerte,
verse bien
y habitar cada etapa con energía, alegría
y ganas de vivir.