Alimentar el cuerpo que quiero conservar

En mi casa, comer era un asunto serio.

No había jugos envasados, refrescos ni demasiadas cosas que vinieran en lata. La regla era simple: si no podía ponerse en una plancha o llegar a casa casi vivo, probablemente era poco saludable.

Crecí en una especie de cuartel alimentario.

El pollo, a la plancha. La carne, a la plancha. El pescado, a la plancha. El azúcar, bajo vigilancia.

Angelica Ferreira comiendo gusanos

Así crecí, y la costumbre se me quedó pegada.

Mi cabeza funciona así: busco lo menos sospechoso del menú.

Y ahora resulta que, después de una crianza alimentaria casi militar, no basta con comer “saludable”. También tengo que revisar la proteína, los carbohidratos, las frutas, las verduras y si, todo eso ayuda a construir músculo.

Después de media vida evitando frituras, refrescos y jugos de caja, ahora también me toca auditar el plato.

Eso es lo que estoy aprendiendo: a combinar mejor los alimentos para sostener el cuerpo que entreno.

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Aquí comparto lo que voy aprendiendo sobre entrenamiento, alimentación y mente mientras avanzo camino a los 50.

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