Durante cuatro años y medio entrené con unas zapatillas de Decathlon que compré por buen precio.
Eran cómodas.
Eran económicas.
Discretas.
Y me servían para ir al gimnasio.
Con ellas hice de todo: máquinas, prensa, sentadillas, peso muerto, rutinas de pierna, tren superior.
También corrí y caminé.

Sí… estas eran.
Entrené durante años con ellas.
Y con otras incluso más baratas también, sin preguntarme ni de cerca si eran las más adecuadas para hacer pesas.
Hasta que hace poco una conocida del gimnasio se me acercó y me dijo:
—Estás entrenando con los zapatos incorrectos. Deberías probar barefoot.
Yo dije:
—¿Bare qué?
Ella:
—Pies descalzos.
Y yo:
—Wow. No sé nada de eso, realmente.
Pero me interesó.
Llegué a casa, me puse a investigar un poco y descubrí otro mini mundo: el del calzado para entrenar.
Y sí, también pensé lo obvio: en el mundo fitness a veces no sabes si algo realmente sirve o si simplemente es otra forma de hacerte gastar dinero.
Porque siempre aparece algo más.
El zapato correcto.
La media correcta.
La botella correcta.
El guante correcto.
La banda correcta.
Por cierto: yo uso guantes de los que venden en las ferreterías para electricistas. Jejeje.
Todo parece tener una versión “ideal”.
Y ahí es donde me pongo escéptica.
Porque no todo lo que se vende como necesario lo es.
Al final no compré barefoot. Compré unos Adidas Training.

No los estoy promocionando.
No estoy diciendo que sean los mejores.
No estoy dando una recomendación técnica.
Simplemente los compré, los probé y noté la diferencia.
Sobre todo en la sentadilla búlgara.
Ahí sí.
Sentí el pie mucho más estable.
Menos movimiento dentro del zapato.
Más firmeza al apoyar.
Más control al bajar y subir.
Me convencieron, la verdad, porque justo en ese ejercicio siempre buscaba cómo colocar mejor el pie.
A ver, tampoco es que haya sido una revelación.
No me cambió la vida.
No descubrí la fórmula secreta del entrenamiento.
Pero sentí la diferencia.
También entendí que las zapatillas que usaba antes eran más para caminar o correr en cinta. Para eso se sienten cómodas.
En cambio, estos Adidas Training los siento mejor para pesas. Eso sí: para correr en la cinta son duros.
Y tiene sentido. Claramente dicen “training” en la suela.

No soy experta en calzado deportivo.
Tampoco pretendo serlo.
Solo puedo hablar de lo que sentí en mi pie.
Y lo que sentí fue esto: para pesas, con estos zapatos, tuve más estabilidad.
Después de cuatro años y medio entrenando con cualquier zapatilla, creo que sí vale la pena usar un calzado más adecuado para lo que estás haciendo.
Sin drama.
Sin tesis.
Simplemente: cada cosa con cada cosa.
Por si alguien tiene curiosidad: No son patrocinados. Simplemente fueron los que compré.
