A los 42 entendí que todavía estaba a tiempo

Termina la película.

Se encienden las luces y la gente empieza a levantarse.

Yo también lo intento.
Apoyo las manos en la butaca, me pongo de pie y doy el primer paso.

Las rodillas no responden bien.

Camino despacio. Uno, dos, tres pasos. Después de unos segundos, por fin arrancan y vuelvo a moverme con normalidad.

—Esto no puede ser —pienso.

No era la primera vez.

¿Por qué me estaba levantando de una silla como si tuviera muchos años más?

Después vino el espejo.

Me senté con las piernas cruzadas y miré la parte de afuera de los muslos. Se formaban unos pliegues raros, como si la piel empezara a quedarse sin músculo debajo.

Me puse de pie y me observé mejor.

—No me gusta cómo me estoy empezando a ver.

Y enseguida apareció otro pensamiento:

—Tengo que moverme, y pronto. La vejez me está pisando los talones.


Lo primero que hice fue raparme.

No sabía exactamente cómo quería verme después.

Solo sabía que necesitaba hacer algo. Había dejado de sentirme del todo cómoda con la mujer que veía en el espejo.
Mientras el cabello caía, observaba el rostro que iba quedando al descubierto.
Seguía siendo yo.

Pero empezaba a mirarme de otra manera.
Raparme no resolvió nada. Pero fue mi primer gesto concreto de cambio.

Tres meses más tarde entré al gimnasio.

Mujer entrenando con poca forma

Mi punto de partida | Noviembre de 2021

Mujer sentada en barco, detrás aguas cristalinas.

Tres años y cinco meses después | Abril de 2025

Mujer sentada en roca en una linda playa europea

Así me veo hoy | Julio de 2026

Otro comienzo

Estoy a tres años de cumplir 50 y, en lugar de temerlo, en diciembre de 2025 me volví a rapar.
Esta vez quería conocer mi cabello tal como era, después de tantos años alisándolo y tiñéndolo.

Durante años supe cómo se veía mi cabello alisado y teñido, pero no cómo era de verdad.

Empecé a aprender el método curly. ChatGPT se convirtió en una ayuda inesperada y, día a día, fui entendiendo cómo cuidar unos rizos que nunca había conocido.

Ahora salgo de casa con champú y acondicionador para rizos, leave-in, aceite y una mascarilla para que las canas no se vuelvan amarillas. Mi bolsa del gimnasio lleva más productos para el cabello que toda la estantería de mi baño hace un año.

Sigo en construcción y lo estoy disfrutando.

Y tú, ¿qué parte de ti sabes que ya es hora de empezar a construir?

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